Lo que sostiene la operación
Expedientes que vencen, dinero que se rastrea, inventario que cuadra. Se mide en que nadie tenga que revisarlo dos veces.
Estudio en Méxicositios web y software
Diseñamos sitios web en 3D e interactivos, que la gente recorre en vez de hojear, y el software a la medida con el que tu empresa opera por dentro. Mismo equipo, mismo código. Esta página es la muestra.
Celyum cierra la distancia entre el sitio que una empresa publica y el sistema con el que de verdad opera —
una sola pieza, construida entera.
Los dos encargos
Suelen pedirse a dos proveedores distintos, y por eso casi nunca encajan. Aquí los construye el mismo equipo, en el mismo código.
Expedientes que vencen, dinero que se rastrea, inventario que cuadra. Se mide en que nadie tenga que revisarlo dos veces.
Un catálogo por el que se camina en vez de desplazarse. Se mide en cuánto tarda alguien en irse.
Mismo equipo, mismo repositorio, misma base de datos.
Lo que dijeron otros
En julio de 2026 quedaron registrados 43,699 intentos de completar una cadena de códigos físicos escondidos por la Ciudad de México. Celyum construyó y operó la mecánica: dónde se escaneaba, dónde se registraba cada intento y la auditoría que sostiene la lista de ganadores. La campaña es de Los CT Records; el sistema que la sostuvo en pie mientras miles de personas lo usaban a la vez es nuestro.
Quién lo construye
Celyum es un estudio mexicano de artistas y desarrolladores: quien dibuja el espacio es quien decide cómo se mueve, no dos personas traduciéndose entre sí por correo. Dirección de arte, 3D, ingeniería y sonido, bajo un mismo techo y con el mismo criterio de principio a fin.
Eso es lo que separa una pieza de un sitio con un render pegado encima: aquí el diseño no se entrega para que otro lo interprete después. La misma mano que concibe el universo es la que lo construye, lo anima y lo pone a correr.
Cómo trabajamos
El sitio que estás viendo, el panel que no se ve, el 3D, el servidor y los reportes: mismo equipo. Antes de pedir presupuesto conviene saber exactamente qué incluye.
Un sistema, un responsable.
Antes de escribir
Tuyo. Corre en tu infraestructura y con tus cuentas, y el código se entrega. Toda esta página se llama «software propio» porque eso es lo que significa: si un día dejamos de trabajar juntos, el sistema se queda contigo y sigue funcionando.
No. Ésa es media razón para construir en vez de rentar: un sistema propio no cobra por cada persona que entra, así que el equipo puede crecer sin que la cuenta crezca con él. Contratar a diez personas más no cambia lo que pagas por operar.
Casi nunca. Lo que ya opera bien se respeta y se construye encima: en un sello que ya vendía por Shopify, la tienda se quedó donde estaba y lo que cambió fue lo que ve el público. Se tira lo que estorba, no lo que funciona. La primera conversación es justo ésa: qué se queda y qué no.
De siete a catorce semanas, del alcance a la entrega, con fechas comprometidas. La diferencia entre siete y catorce la marca el alcance, y el alcance se define antes de empezar, no a la mitad.
Un sistema que se opera todos los días no se acaba el día de la entrega. Queda mantenimiento —previsible, porque es una sola pieza y no seis integraciones— y queda evolución, que se paga cuando decides crecer. Con el mismo equipo que lo construyó, que es el que sabe por qué está hecho así.
Una cacería de códigos físicos por toda una ciudad, con un sistema decidiendo en vivo quién seguía y quién no. Sonaba a juego; por dentro era una base de datos aguantando 43,699 intentos en un fin de semana. Si suena raro, probablemente lo podemos construir.
Cómo lo construimos